jueves, 29 de septiembre de 2011

PADRE DIACONO LUCAS


 El monje: manifestación del maximalismo escatológico
Una de las fuentes de la conciencia escatológica de la Iglesia ortodoxa es el monacato. La vida monástica goza de gran raigambre en el mundo ortodoxo, más aún, el Oriente cristiano es considerado como la patria del monacato cristiano. Los monjes no sólo son considerados como miembros de gran vitalidad y dinamismo dentro del cuerpo eclesial, sino que constituyen la gran reserva espiritual de donde la Iglesia toma sus fuerzas. A lo largo de su historia, la Iglesia de Oriente ha sido testigo de que los monjes han defendido la pureza de la fe cuando ésta se ha encontrado en peligro de ser dañada o malinterpretada. No es una exageración decir que la Iglesia Oriental no puede vivir sin el monacato.
Es indudable que la vida espiritual del mundo ortodoxo está profundamente marcada por el monacato, a tal punto que no se puede comprender la espiritualidad ortodoxa sin el monacato. Aspectos propios de la vida ascética y mística como: la oración, la conversión, el esfuerzo por la santidad, la adquisición de las virtudes, etc. aparecen constantemente iluminados desde la vida monástica. El teólogo ortodoxo Olivier Clément incluso llega a vincular la salud espiritual de la Iglesia con la vida monástica. El monje es quien recuerda al mundo ortodoxo que existen realidades eternas a las que todos debemos aspirar, pero esto no le impide estar atento a las realidades del mundo y rezar por las necesidades de sus hermanos, los hombres.