viernes, 30 de septiembre de 2011

PADRE BARTOLOMEO

Nuevo Sacerdote para la Iglesia Ortodoxa del Divino Rostro.
El 17 de Septiembre del presente año, fue ordenado Luis Eduardo Sanches, como sacerdote, en Ceremonia solemne, que se llevó a cabo en la Catedral del Divino Rostro, en su décimo noveno aniversario.
Esta  solemnidad, estuvo presidida por Vladika Andres, quien impuso sobre El sus manos, rogando a Dios todopoderoso que le conceda la fortaleza necesaria, para cumplirle a Dios con el ministerio. muchisimas felicitaciones, para El y su esposa.

DE LA SANTIDAD QUE HA DE TENER EL SACERDOTE
 ¿Cuál debe ser la santidad del sacerdote por razón de su dignidad?.

Grande es la dignidad de los sacerdotes, pero no menor la obligación que sobre ellos pesa. Los sacerdotes suben a gran altura, pero se impone que a ella vayan y estén sostenidos por una extraordinaria virtud; de otro modo, en lugar de recompensa
se les reservará gran castigo, como opina San Lorenzo Justiniano. San Pedro Crisólogo dice a su vez que el sacerdocio es un honor y es también una carga que lleva consigo gran cuenta y responsabilidad por las obras que conviene a su dignidad.

Todo cristiano ha de ser perfecto y santo, porque todo cristiano hace profesión de servir a un Dios Santo. Según San León, cristiano es el que se despoja del hombre terreno y se reviste del hombre celestial. Por eso dijo Jesucristo: Seréis, pues, vosotros, perfectos, como vuestro Padre Celestial es perfecto [Mt 5, 48]. Pero la santidad del sacerdote ha de ser distinta de la del resto de los seglares, observa San Ambrosio, y añade que así como la gracia otorgada a los sacerdotes es superior, así la vida del sacerdote tiene que sobrepujar en santidad a los seglares y San Pedro Pelusio afirma que entre la santidad del sacerdote y la del seglar ha de haber tanta distancia como del cielo a la tierra.


Los sacerdotes de la antigua ley llevaban escritas estas palabras en la tiara que coronaba su frente: SANTIDAD PARA YAHVEH (Ex 39, 29), para recordar la santidad que debían confesar. Las víctimas que ofrecían los sacerdotes habían de consumirse completamente. ¿Por qué? Pregunta Teodoreto, y responde. "Para inculcar a aquellos sacerdotes la integridad de la vida que han de tener los que se han consagrado completamente a Dios. Decía San Ambrosio que el sacerdote, para ofrecer dignamente el sacrificio, primero se ha de sacrificar a sí mismo, ofreciéndose a Dios.
Esiquio escribe que el sacerdote debe ser un continuo holocausto de perfección, desde la juventud a la muerte. Por eso decía Dios a los sacerdotes de la antigua ley: "Os he separado entre los pueblos para que seáis míos (Lev 20, 26). Con mayoría de razón en la Ley nueva quiere el Señor que los sacerdotes dejen a un lado los negocios seculares y se dediquen solo a complacer a Dios a quien se han entregado: "quien se dedica a la milicia se ha de
enredar en los negocios de la hacienda, a fin de contentar al que lo alistó en el ejército" [2 Tm 2, 4). Y es precisamente la promesa que la Iglesia exige de los que ponen el pie en el santuario por medio de la tonsura: hacerles declarar que en adelante no tendrán más heredad que a Dios: "El Señor es la parte de mi heredad y mi copa. Tú mi suerte tienes (Salmo 15) Escribe San Jerónimo que "Hasta el mismo traje talar y el propio estado claman y piden la santidad de la vida" De aquí que el sacerdote no solo has de estar alejado de todo vicio, sino que se debe esforzar continuamente por llegar a la perfección, que es aquella a que sólo pueden llegar los viadores.
San Pablo exige del sacerdote tal perfección que esté al abrigo de todo reproche: "Es necesario que el obispo sea irreprensible (1 Tm 3, 2). Aquí, por obispo pasa el santo a hablar de los diáconos: Que los diáconos, así mismo sean respetable (Ib 8), sin nombrar a los sacerdotes; de donde se deduce que el Apóstol tenía la idea de comprender al sacerdote bajo el nombre de obispo, como lo entienden precisamente San Agustín y San Juan Crisóstomo, que opina que lo que aquí se dice de los obispos se aplica también a los sacerdotes. La palabra 'irreprehensibilem' todos con San Jerónimo están de acuerdo en que significa poseedor de todas la virtudes. Durante once siglos estuvo excluido del estado de clérigo todo el que hubiera cometido un solo pecado mortal después del bautismo, como lo recuerdan los concilios de Nicea.
                    El sacerdote, por lo tanto, debe invocar de forma continua la presencia del Santo Espiritu, para que sea guiado y protegido
y he aquí la razón aducida: porque la santa Iglesia quiere en todas las cosas lo irreprensible. Quienes no son santos no deben tratar las cosas santas. Y en el concilio de Cartago se lee: "Los clérigos que tienen por heredad al Señor han de vivir apartado de la compañía del siglo".  Decía San Crisóstomo que "el sacerdote ha de ser tan perfecto que todos lo puedan contemplar como modelo de

de santidad, porque para esto puso Dios en la tierra a los sacerdotes, para vivir como ángeles y ser luz y maestros de virtud para todos los demás". El nombre de clérigo, según enseña san Jerónimo, significa que tiene a Dios por su porción; lo que le hace decir que el clérigo se penetre de la significación
El sacerdote es ministro de Dios, encargado de desempeñar dos funciones en extremo nobles y elevadas, a saber: honrarlo con sacrificios y santificar las almas. Todo pontífice escogido de entre los hombres es constituido en pro de los hombres, cuanto a las cosas que miran a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados [Hebr. 5, 1].  Por eso las escrituras llaman al sacerdote hombre de Dios [1 Tm 6, 11], hombre que no es del mundo, ni de sus familiares, inclusosi son casados, de sí propio, sino tan solo de Dios, y que no busca más que a Dios. 
Ninguno, que este ligado por los deseos y placeres carnales es     digno de presentarse o hacercarse a ti o de servirte.